que entre en un estado de éxtasis que me hacia imposible no fijarme en ella. Desde luego que ya la conocía desde hacia tiempo pero nunca llegue a cruzar palabra con ella, fue desde ese momento que sentí que me enamoraba de forma única, me daba igual que alguien quisiese tanto a una persona como para sacrificarse por ella o que se abandonase a esta a todo riesgo de peligrar su existencia, sentía que lo mio no es que fuese diferente, ni único, ni siquiera especial, sencillamente estaba ahí y mientras contemplaba su bellísima silueta no mas que iluminada por la tenue luz de un aparato como fuese aquel lumigás, mi mente desato cada hilo físico, molécula o átomo y se evadió del espacio, del tiempo y de aquellas aburridísimas clases de física que machacan ahora mis recuerdos.
Siempre guardare en lo mas profundo de mi mente, de mi inconsciencia y de mi todo, el recuerdo de la primera vez que intercambiamos sonidos o vibraciones en el aire, estando esperando en una fila, los últimos, los rezagados, los ya conformados con su destino de guardar sitio donde se les había merecido, empezamos a hablar compartiendo una conversación en todo su estado mas puro, temas que distraen a la gente de cosas mas importantes, con una composición de gestos e intenciones que sonaban mas atronadores que los gritos de guerra del séptimo de caballería a punto de llegar cuando todo se daba por perdido. En ese momento fuimos abstractos, seres de otras dimensiones con tantas cualidades y definiciones como el infinito de sus ojos, no habría sabido diferenciar en ese momento entre una escultura de Miguel Ángel y una zanahoria, lo objeto dejaba de ser objeto puesto que habían perdido su condición, en un mundo antimaterial donde se pagaba con atardeceres románticos y se respondían los mensajes con apasionados besos con lengua. Ella sin embargo era de lo más terrestre, no me acompañaba en mi fantasía, su única ocupación en su microcosmos era la de constatar el tipo de lentillas trimestrales y el de las lentillas diarias, insignificancias comparadas con el plan B de mi vida si alguna llegábamos a intercambiar algo mas que susurros en la noche. La vida por fin era un concepto general que se podía resumir en "felicidad" y mientras que este sueño crecía y crecía de las ilusiones que traducidas en saludos o pequeños fragmentos de conversaciones alimentaban mi existencia llegó a resultar que después de unos tres intercambios de insustanciales palabras con mas trasfondo que los cuentos clásicos reversionados, sencillamente y al mismo tiempo mas significativamente que el anuncio de una tercera guerra mundial fue así que en vez de perseguir un mundo que aveces se detenía para mostrarme la majestuosidad de sus ríos y montañas, de sus amaneceres y sus crepúsculos, este mundo vino a mi y transmitió toda la fuerza de sus cascadas y remolinos, de sus estampidas y furias salvajes todo esto traducido en un: "¿qué tal estas?" El mero interés aparentemente cortesía por rutina, otro dardo mas en la desgastada diana que es mi corazón, y cuando los planetas se alinearon para dejar al descubierto mi verdadero destino... nada. El susodicho campamento de tan solo diez días, diez días del reflejo de mis aspiraciones para una vida encumbrada con la corona de sus cabellos, se acabo. Desde entonces mis pupilas no han vuelto a reflejar la belleza de su rostro. Nada mas que intercambiamos direcciones de mundos virtuales, mas aun, irreales donde las apariencias son la moneda de cambio...
No se que hacer, coger un último aliento para el sprint aun a comienzos de la carrera o aceptar que fue un sueño loco de esos que sueñas en acaloradas noches de verano y que te despiertan de improviso, y mirada al infinito maldices tu existencia por no traer a la realidad la de tu sueño...